Mayo 2008


De los antivalores y otras mezquindades en una institución que se hunde.

Colaboración del Mg. Amintore Dodero

La mezquindad, envidia, ingratitud, deslealtad, falta de reconocimiento y carencia de valores es oceánica en algunas personas que se jactan de ser “probas”. Sin embargo, ¿qué tanto han dado por nuestra Institución y qué legado le dejan a la misma ejerciendo una crítica destructiva por el simple hecho del “acomodo personal”?

Detrás de todo ello, percibo la miseria humana, la falta o ausencia de solidaridad, el dañar por dañar, que desde luego no enaltece y privilegia a esa gran cantidad de usuarios que observan el drama de una institución que se debate dentro de una inestabilidad de autoridades, jerarquías, desorden e irrespeto.

Pierde más el que se esconde en el odio y el anonimato

La pregunta es: ¿Quién es el que pierde más? El que se lamenta juzga y critica sin aportar algo, el que basa su crítica y cuestionamiento escondiéndose en el odio y el anonimato. El que derrama venganza y desea que nuestra institución se sumerja en el caos y la anomia.

Habrá “razones irracionales” e intereses personales para que todo esto suceda en el presente y futuro, donde los partidos políticos se conviertan en una agencia de empleos. La palabra y la pelota la tienen en su cancha las autoridades del MINSA.

¿Será que siempre nos gusta imponer nuestras propias autoridades por nuestra propia cuenta sin concursos o ejerciendo la “dedocracia” porque de ese modo no perdemos privilegios y conseguimos el “statu quo” de los hechos y situaciones?. ¿A quién le conviene todo este desorden y vacío institucional?

El anonimato destructivo representa la oscuridad del ser

La Psicología del anónimo destructivo representa el miedo, la oscuridad del ser, la cobardía, el resentimiento, temor, el no darnos a conocer, el escondernos para que el otro no nos identifique y reconozca, la famosa mascara de engañarnos a nosotros mismos y a los demás para ser bien visto hipócritamente por otros. Probablemente se avergüenza de lo que es en su vida personal y se esconde en el anonimato. El anónimo que destruye y no construye es un tipo irónico, burlón, perverso, maquiavélico, una mezcla de todo ello.

La base de todo entendimiento real es el hombre por eso si violentamos el derecho a opinar libremente con “altura y mesura” estamos afectando su capacidad de libertad.

Toda libertad tiene un “de qué” y un “para qué”. Si preguntamos “¿de qué es libre el hombre?, la respuesta es: de sus IMPULSOS; en cuanto a “¿para qué el hombre es libre? para ser RESPONSABLE; “¿de dónde?” de su CONCIENCIA.

La libertad de la voluntad humana consiste, pues, en una libertad de sus impulsos, para ser responsable, para tener conciencia.

Vivimos en una época caracterizada por un sentimiento de insatisfacción, incertidumbre, negación del otro y de sus aspiraciones con justicia. Por lo tanto, los comentarios desatinados, hirientes y malintencionados no vienen de la conciencia sino del inconsciente mezquino y de la envidia irracional, que no valora la grandeza de los demás ni tolera el éxito.

Mg. Amintore Dodero Morales

Psicólogo C.PS.P 0380

Era aproximadamente la 1 y media de la tarde del viernes pasado cuando por los parlantes del hospital se repetía insistentemente que debía acercarme a la zona de parqueo de autos, ¡¡¡URGENTE!!!

Un grupo de vigilantes y varios amigos llegaron al lugar donde yo me encontraba, insistiendo que debía acercarme en el acto porque mi carro estaba con la luna posterior rota. El auto lo había dejado ese día en el mismo lugar donde habitualmente lo estaciono.

Todavía no terminaba mi labor y pedí a los vigilantes que se encargaran del auto, que yo me acercaría apenas termine.

Al llegar a la zona de parqueo tuve que abrirme paso entre una multitud que hacía los más diversos comentarios sobre los hechos. Pude constatar que la luna estaba hecha añicos debido al impacto producido por una varilla de fierro de aproximadamente metro y medio de longitud que aún permanecía clavada en el techo del vehículo.

Casual o intencional? That is the question.

Me asaltó esta duda hamletiana.

Ya había llegado un patrullero con dos policías y luego se acercaría un periodista del Diario “El Callao” quien sostenía la teoría del atentado contra el auto, como un claro mensaje hacia mi persona.

Le dije que felizmente la vida me ha permitido tener la evidencia que mis “núcleos paranoides” están bastante minimizados y que por tanto me parecía que se trataba simplemente de un hecho accidental. Así aparecería al día siguiente en la nota periodística.

El asunto era el contexto en que esto sucedía.

Un elemento que se tomaba como referencia en este análisis lo representaba el contexto en que esto había sucedido, porque yo me encontraba en un lugar expectante en el concurso para director del hospital. El ranking publicado a esa fecha me ubicaba en el primer lugar.

A partir de ese momento, mi celular se llenó de mensajes de texto solidarizándose con mi persona. Las llamadas telefónicas tenían el mismo sentido. La gente comentaba el hecho y me daba su percepción del mismo. Uno de ellos hizo un esquema donde describía cómo cae una varilla por acción de la gravedad y que en este caso había descrito un arco, argumentando su tesis de un atentado.

Creo que con el tiempo llegaremos a conocer la verdad.