pc160303.JPGSeñorita Cajamarca,
la Novia de mi Perú”

Era una tarde soleada de diciembre cuando llegamos a Cajamarca. Desde el avión se divisaba el paisaje de la ciudad. El piloto dice a través de los parlantes: “prepánse que vamos a aterrizar…”  Emocionado, en ese momento me asaltaron los gratos recuerdos de los hermanos Zañartu cantando en las peñas limeñas: “Señorita Cajamarca, la novia de mi Perú, es tan rica y generosa con todos los forasteros…”, canción que resalta el calor y la amistad que el turista puede encontrar entre sus pobladores.

Me había alojado en un buen hotel con agua caliente que me permitía ducharme sin extrañar mi casa en el Callao. En las mañanas salía recargado gracias al poderoso desayuno cajamarquino de chicharrones, mote y queso acompañado del café tinto como acostumbro tomarlo en las mañanas antes de irme al trabajo.

Estamos en el inicio de la época de lluvias primerizas y estoy alertado. El cerro Santa Apolonia forma parte del paisaje de esta ciudad.

Con el desarrollo de la actividad minera, la ciudad empezó a crecer y a modernizarse a pasos agigantados, teniendo después de Lima, Chimbote e Iquitos el más alto índice de crecimiento poblacional anual. Tengo la impresión que su desarrollo urbano no sigue un Plan Director. La ciudad ya siente los efectos del caótico crecimiento del parque automotor, sobre todo por los congestionamientos que se dan en el centro de la ciudad.

Espero, pues amigos, escribir algunas notas en el blog que relate hechos anecdóticos durante mi estadía en esta ciudad.