Esta semana, en la práctica del curso “Salud Materno Infantil y Adolescente”, que desarrollamos con las alumnas de la Escuela de Obstetricia, tratamos el tema de equidad y género. Había bastante motivación, y cada concepto era planteado en forma amena, señalando que para su ejercicio profesional futuro debían tener un conocimiento profundo de este tema, porque están llamadas a liderar estas nuevas concepciones.

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Analizaron también con absoluta transparencia, la situación que viven en sus hogares, y era interesante ver como planteaban el rol que ellas asumían en su vida cotidiana, así como también los puntos de vista de sus padres, entendiendo que la brecha generacional se explica fundamentalmente porque los conceptos reflejan el momento histórico que vive cada individuo, y por tanto los paradigmas prevalentes se percibían también en el interior del hogar, por lo cual era necesario tener tino y madurez para entender lo que a lo sumo representarían contradicciones no antagónicas.

Una intervención que me llamó bastante la atención fue cuando analizábamos el voto femenino. Una de las alumnas señalaba por ejemplo, que la iniciativa del Gral. Manuel A. Odría -entonces Presidente del Perú- en cuyo gobierno se logra el voto de la mujer, representaba una medida para beneficiarse del voto femenino, porque lo necesitaba urgentemente en las elecciones de 1956.

La conquista del voto femenino es el punto culminante de un proceso que se daba a nivel mundial. Llegada la postguerra, la mayoría de las mujeres de los países de América Latina ya había logrado el reconocimiento de sus derechos civiles y políticos; en unos casos por reivindicación propia y en otros, además, por la presión ejercida por los acuerdos de los organismos internacionales creados después de la guerra. En la IX Conferencia Internacional Americana (1948) se adoptó entre los países participantes el compromiso de no negar ni restringir el derecho a elegir y ser elegido para un cargo nacional por razones de sexo. La Organización de Estados Americanos (fundada en 1948), en su Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre, había señalado que todas las personas eran iguales ante la ley y que tenían los mismos derechos y deberes sin distinción de raza, sexo, idioma, credo, ni ninguna otra (art. 2).

En el Perú, en 1914, se fundó la primera organización de mujeres del Perú, denominada Evolución Femenina, la cual tuvo como finalidad lograr la participación de la mujer en la educación igualitaria, las funciones públicas, los procesos electorales (derecho al voto) y la reforma del Código Civil.

Desde el lado de la equidad, hacían notar que es un error que los partidos políticos coloquen un tope a la participación de la mujer en sus listas, sosteniendo que esto debe ser modificado, ya que la propia dinámica social será la que determine los porcentajes de participación femenina en las listas electorales.

Como corolario del desarrollo de la clase, todos coincidimos que ésta ha sido una reunión bastante productiva.