Cata de cervezaEste fin de semana un selecto grupo de médicos fuimos invitados por Tecnofarma a una Cata de Cerveza, a cargo del Ing° Químico Hugo Aldón.

Allí nos enteramos que en el mundo hay más de 7,000 variedades de cerveza. Su elaboración se hace a partir de la fermentación de soluciones obtenidas de cereales y otros granos que contienen almidón. El 91.5% de su peso es agua, y el resto extractos de la malta y lúpulo, alcohol etílico, y ácido carbónico.

Anecdóticamente, el Rey Hammurabi (el mismo del código) mediante unos decretos dirigidos a los fabricantes de cerveza y a los lugares de consumo, amenazó a los fabricantes “trafas” de ahogarlos en su propia bebida, y a los adulteradores de cerveza los condenaba a beber sus brebajes hasta morir.

Durante la cata de la cerveza se evalúan ciertas características organolépticas, tales como el aroma, la pureza del sabor, el cuerpo de la cerveza en relación a su adherencia al vaso, los efectos del CO2 al liberalizarse, y la calidad del amargor. Sus variedades se diferencian por el tiempo y la temperatura usada en la infusión, la temperatura de la fermentación y la levadura empleada.

El agua tiene diferente composición química, y explica por ejemplo las razones por las cuales la Pilsen de Sáenz Peña tenía mejor sabor que la Pilsen de la Colonial, no obstante pertenecer a la misma firma. La razón era que el agua del pozo de la ahora abandonada fábrica de la céntrica avenida de nuestro primer puerto tenía mayor concentración de calcio.

Guiados por el experto catador, íbamos paladeando las diferentes marcas de cerveza que teníamos en la mesa. En esas circunstancias llegaron a mi memoria los recuerdos de mis años mozos. Nosotros éramos proveedores de cerveza de los tambos de la campiña chinchana, y era una época en la cual la cerveza Cristal era omnipresente en toda la provincia, hasta que llegó a nuestro litoral el boom de la pesca con Banchero Rossi. Con ese fenómeno llegó a la ciudad mucha gente de mar procedente de diferentes lugares de la costa del país, quienes asumían costumbres de los pescadores del Callao, y se decían comportarse como “chalacos”. Esa particularidad alcanzaba también a su preferencia por la cerveza Pilsen Callao. No aceptaban otra marca; y si no había en una cantina se iban “en mancha” a otro lugar donde pudieran conseguirla; y aún en sus estados de absoluta ebriedad se permitían distinguir entre ambas cervezas.

El tiempo ha pasado, y ahora soplan nuevos vientos. La guerra entre la rubia vieja y la rubia joven es cosa del pasado, pues las cervezas peruanas pertenecen a un monopolio internacional, y en los autoservicios se puede encontrar cervezas de diferentes partes del mundo, en un fenómeno que es parte de la globalización. 

En compañia de guapa representante de Tecnofarma