Con el fin de realizar un trabajo de investigación relacionado con el fatídico terremoto del 15 de agosto último, el día de ayer coincidiendo con el primer mes del fenómeno telúrico, viajamos a la ciudad de Chincha ubicada a 200 km. al sur de la capital, con un grupo de alumnos de la escuela de enfermería.

Con miembros del COE

El propósito de estas líneas es incidir en los aspectos humanos relacionados a la dinámica interacción entre los estudiantes y su profesor en un trabajo de campo. Los aspectos académicos forman parte de otro documento.

Días antes había comentado sobre este viaje con una compañera de trabajo y mejor amiga, la psiquiatra Isabel Rodríguez. Ella hacía hincapié en un aspecto fundamental relacionado a los estudiantes, cuya edad promedio era de 21 años, y conformado mayoritariamente por mujeres (1 varón y 9 mujeres), señalando la importancia de entender el comportamiento juvenil, asumiendo que siempre se producen brechas generacionales.

Igualmente conversaba con mis hijos menores, quienes tienen casi la misma edad que los integrantes del grupo de estudiantes. Con ellos habitualmente salimos de paseo los fines de semana, lo cual me permite “estar actualizado” con sus códigos de comunicación.

En Tambo de Mora

Las innumerables personas a quienes entrevistamos en Chincha me veían como el profesor y su grupo de alumnos, todos ellos identificados con la chaqueta que utilizan en sus prácticas de salud pública, la cual lleva grabada en el lado izquierdo, a la altura del corazón, el escudo sanmarquino.

Indudablemente, hemos vivido una experiencia inolvidable generadora de una gran amistad futura, tal como diría mi recordado profesor don José Neyra Ramírez, quien en el syllabus de su curso colocaba la siguiente frase: la enseñanza es amistad”.