Los días previos al viaje que debía hacer a la ciudad de Chincha con los estudiantes de la universidad para realizar un trabajo de investigación sobre epidemiología post-desastres, el tema de conversación obligado en casa con mi familia, giraba sobre una serie de cosas que venían ocurriendo alrededor de la catástrofe del 15 de agosto.

En la agencia de transportesEn qué agencia de transportes vas a viajar?

Su primera preocupación era saber en qué agencia de transportes viajaría. Por ello me preguntaron, casi inocentemente: ¿En qué agencia vas a viajar?

Al inicio no me percaté de la intencionalidad de la pregunta, y supuse que sólo era la preocupación natural de la familia por saber cuál era la empresa de transportes en la que viajaríamos, por lo que les respondí que iría en alguna de las agencias formales que existen.

Enfaticé solamente el tema de la formalidad de la empresa, porque como iba a viajar con 10 estudiantes que estarían bajo mi responsabilidad, suponía que eso era uno de los aspectos más importantes a considerar, habida cuenta que en el transporte interprovincial abunda la informalidad y muchas veces éstas se encuentran involucradas en accidentes de tránsito con saldos trágicos y en cuyo caso podía afectar negativamente a la universidad.

El asunto no es sólo viajar en una empresa formal

Para mi familia el tema estaba más allá de una empresa formal. Señalaron que existía, además, otro aspecto a tener en cuenta en las actuales circunstancias.

Recuerda –me dijeron- que cuando ocurrió el terremoto y mucha gente desesperadamente deseaba viajar para ver a sus familiares, algunas de las empresas de transporte interprovincial tuvieron una conducta especuladora con el precio del pasaje, incrementándolo hasta en un 200%.

Era cierto. Recordé entonces que una de las empresas a la cual se le imputó este tipo de inconducta era SoyuzR. Entonces, recién entendí la intención de la pregunta inicial.

El tema es la Responsabilidad Social Empresarial (RSE)

El liberalismo representa el imperio del libre mercado y del mercantilismo, que obliga al Estado a retirarse de la relación proveedor de servicios y usuarios, asumiendo –según sus ideólogos- que el propio mercado se autorregula. Sin embargo, los hechos revelan lo contrario, porque al anularse el rol tuitivo del estado, el consumidor queda en desventaja, sin capacidad de accionar mecanismos de contrapeso.

En este contexto, aparece el concepto de Responsabilidad Social Empresarial, ligado a la “ética empresarial”, que podría representar finalmente, una variable de diferenciación. El asunto está que los mercados son imperfectos, y son pocas las empresas que se involucran en esta teoría que debe comprometer fundamentalmente a los accionistas de la empresa y a su cuadro gerencial, así como a los propios trabajadores.

El papel de los ciudadanos en la RSE

Igualmente, a los ciudadanos nos toca jugar un rol más activo, con acciones de exigibilidad y vigilancia social, creando un nuevo tipo de consumidor, cualitativamente superior, al cual denominaremos “consumidor responsable”, que asume una actitud de defensa no sólo de sus intereses particulares, sino también de la sociedad en su conjunto, impulsando una cultura del “consumo ético” o “solidario” para intentar corregir estas “imperfecciones”.

 El desconocimiento generalizado, la ausencia de una ciudadanía más activa para la vigilancia social de sus derechos, y el repliegue del estado, permiten que sigan existiendo empresas que se aprovechen del dolor humano.