Ayer ha sido cumpleaños de mi hija Marlene, motivo de especial alegría para la familia.

Recuerdo como si fuera ayer, que con pocas semanas de nacida la llevaba a la playa, casi a la hora del crepúsculo.

Durante el viaje a la Costa Verde, la colocaba sin mayor dificultad a mi lado en la consola del auto. Luego, ya sobre la arena, me pasaba el tiempo observándola, casi hipnotizado, hasta que la luz artificial me sacaba de ese ensimismamiento y entonces con la caída de la noche retornábamos a casa.

El tiempo ha pasado; ya es una señorita y anoche con todos sus hermanos pasamos momentos sumamente agradables.

Me parecía mentira que pudiéramos estar tomando juntos unos “high balls” en el “FridayS”.