Tomando un cafecito con unas antiguas amistades, comentábamos como todo el mundo en estos momentos, los últimos acontecimientos políticos a propósito de la abrupta salida del gabinete del Ing. Fernando Barrios, quien venia ocupando la cartera de ministro del interior.

El día anterior, a la hora de almuerzo, en la sobremesa también comentaba con mis hijos esta escandalosa denuncia que hicieran los medios de comunicación, al revelar que el Ing. Barrios había cobrado una jugosa suma de dinero al dejar la Presidencia de EsSalud y pasar a ocupar el despacho de ministro del interior. Nos preocupaba el tema de la ética en las más altas esferas gubernamentales.

En un país de sueldos bajos, de altos índices de desempleo y de absoluta precariedad en el empleo, con un sueldo mínimo de S/. 600.0 nuevos soles, resulta un escándalo que bajo argucias legales –según las denuncias- este personaje se halla embolsicado S/. 89, 937.00 nuevos soles por el concepto de “despido arbitrario” y campante haya pasado al día siguiente a ocupar el cargo de ministro de estado, como si nada hubiera pasado. Es decir, en un solo día había incorporado a sus arcas el equivalente a 150 remuneraciones mínimas vitales, es decir, lo que ganaría en 12 años un trabajador que sólo perciba el mínimo vital.

Y la ética?

Tal parece ser una ficción. De qué vale que se proponga como curso trasversal en toda currícula de estudios cuando desde el entorno, la clase dirigente se encarga de vulnerar los principios del Código de Ética de la Función Pública.