El martes último, pasado el mediodía, al ingresar al local del Colegio Médico del Callao para la sesión de comité, saludé instintivamente a las 2 personas que se encontraban en la sala de espera; pero tuve una súbita sensación que detuvo mi andar, para volver a mirar a las personas a quienes acababa de saludar. Sus rostros me resultaban conocidos.

Se trataba de una señora con un joven. Al mirarlos pude percatarme de quienes eran, pues a fuerza de aparecer diariamente en la televisión ya los tenía como personajes familiares. Además, de alguna forma me había involucrado con ellos por una publicación que había colocado en el blog (ver enlace). Era la mamá del desaparecido Ciro Castillo, quien estaba acompañada de su otro hijo, Antonio.

Me acerqué a saludarlos y a partir de ese momento transcurrió una conversación intensa acerca de los momentos penosos que atraviesan. Mucha información no conocida y también muchas anécdotas de este período de más de 100 días durante los cuales nombres como valle del Colca, Chivay, Madrigal, nevado de Bomboya, pertenecen a su actual espacio – tiempo sin que jamás hayan pensado que eso sucedería.

En un momento de la conversación ingresó la llamada telefónica de Ciro padre, con quienes hemos venido laborando en el Carrión. Al saludarlo le hice mención que no sólo mi familia, sino todo el hospital estamos solidarios con ellos, siempre atentos al desarrollo de los acontecimientos y esperando el mejor desenlace.

Un ejemplo de valor

Toda la vida se les ha trastocado. Antonio ha tenido que ir al Colca para estar al lado de su padre y María Gracia está al lado de la mamá, por lo que ambos han tenido que suspender sus clases en la universidad.

Antonio nos decía que no hay tiempo para la depresión; que se deben levantar casi a las 4 de la mañana, pues las tareas de búsqueda deben hacerse con la luz del día; que vuelven del monte a las 4 de la tarde y a partir de ese momento deben preparar las mulas con el avituallamiento del día siguiente para el personal que participa en la búsqueda en el valle del Colca.

Es cierto, manifestaba, que en algún momento, sobre todo en las noches, cuando se encuentran en el interior del alojamiento, les salen algunas lágrimas, ante las cuales Ciro padre dice: ¡Las lágrimas hay que convertirlas en acción!

Y vuelven a preparar las tareas del día siguiente…