Carta al ex – decano Juan Godoy.

Estimado JUAN

En razón al aprecio que tengo a tu persona, dado tu don de gente y haber ocupado con autoridad el cargo de Decano del Colegio Médico Regional Callao, me permito decirte lo siguiente:

Quienes han tomado por asalto el ex-glorioso Cuerpo Médico carecen absolutamente de legitimidad, por haber sido fruto de un proceso fraudulento, propiciado por terceras personas, pero al cual en su oportunismo han aceptado ser cómplices de esta actitud contraria a la ética gremial.

Como has podido apreciar, el día de hoy miércoles 11 de julio, las actividades en el hospital han estado completamente normales, tan es así que las propia actividad científica del departamento de medicina en la cual participan los médicos de esta unidad orgánica médica, se desarrolló de manera normal en su horario habitual de las mañanas con participación plena de los médicos de este departamento. Luego, la consulta externa ha seguido su atención con venta de tickets a los pacientes de manera normal. Los servicios de apoyo al diagnóstico también han funcionado con absoluta normalidad.

Estamos pues ante un dilema propiciado por quienes carecen de legitimidad y por tanto serán incapaces de generar liderazgo en el sector médico y mucho menos ante el resto de trabajadores que han visto siempre al cuerpo médico como referente.

El asunto es que en ese afán fraudulento, han dañado la institucionalidad gremial por haber colocado en el cuerpo médico a alguien que NO ES del hospital, contraviniendo los estatutos que señalan con claridad meridiana (art. 6°) que sólo podrá ser presidente quien figure en la planilla del hospital y en el cuadro analítico de personal, lo que no sucede en este caso, deviniendo esta directiva en espuria.

Oportunamente dijimos que se estaba repitiendo la frase trágica de nuestra historia: antes los chilenos que Piérola, porque a los mentores y autores materiales del fraude les interesa tener un cuerpo médico complaciente con las autoridades y quienes se han prestado a ello solamente están negociando sus intereses personales, haciendo que prevalezca la miseria moral antes que el futuro de la organización.