Como dice Rafael Darío Jiménez en su columna “Morir un jueves santo”, publicada el 20 de Abril del presente año, en Latitud, (publicación web), muy pocos escritores han logrado vaticinar el día de su muerte, bien sea a través de un poema, de un texto en prosa, en un discurso, en una entrevista, o simplemente a través del destino de uno de sus personajes.

Tenemos 2 casos y justamente de hombres notables, uno peruano y otro colombiano, o tal vez mejor colombo-mexicano, porque que eligiò México como su residencia, debido a que este país se había convertido ya desde hacía muchos años en emporio de exiliados y revolucionarios latinoamericanos. Fuente: Pacarina del Sur – http://www.pacarinadelsur.com/home/mallas/338-la-ciudad-de-mexico-emporio-de-exiliados-y-revolucionarios-latinoamericanos-en-la-decada-de-1920 – Prohibida su reproducción sin citar el origen.

Cesar Vallejo: Jueves será porque hoy que proso estos versos…

Antes de morir en el invernal París de 1938, César Vallejo alcanzó a escribir su inmortal soneto: “Piedra negra sobre piedra blanca” en el que predice su final diciendo: “Me moriré en París con aguacero/ un día del cual tengo ya el recuerdo./ Me moriré en París –y no me corro–/ tal vez un jueves, como es hoy, de otoño./ Jueves será, porque hoy jueves, que proso/ estos versos, los húmeros me he puesto/ a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto, / con todo mi camino a verme solo”.

Gabriel García Márquez, murió un jueves santo, sin proponérselo, aunque quizás él mismo se lo vaticinó a través de Úrsula Iguarán, el personaje central de su laureada novela Cien años de soledad donde su autor dice: “Amaneció muerta un jueves santo”.

Las diferencias de épocas y de los contextos históricos han determinado las características de las exequias de uno y del otro, ambos  personajes universales en el mundo de las letras.