Utilizando un título tal vez acorde con la semana santa que termina, la revista Somos en su edición Nº  1478 del sábado 4 de abril de 2015 publica el artículo “El calvario de los doctores contagiados de TBC” con el testimonio de profesionales de la salud sobre esta “vía crucis”.

¿Saludo a la bandera?

No obstante establecerse fechas recordatorias en el calendario sanitario, la tuberculosis, aquella enfermedad estigmatizada socialmente desde siempre, continúa su avance, esta vez con el agravante de tener formas donde el bacilo de Koch se ha tornado resistente a los fármacos antituberculosos de primera línea, de manera que el personal de salud ahora tiene riesgo de infectarse de tuberculosis multidrogoresistentes (MDR) o extradrogoresistentes (XDR), que significa el uso de medicamentos de segunda línea, porque también en su lucha por supervivencia los microbios desarrollan mecanismos de resistencia a fármacos.

La estadística es preocupante

En la revista se muestran los siguientes datos:

  • 126 profesionales de la salud (en el Perú) se contagiaron de TBC en el 2013.
  • 30,900 casos se detectaron a nivel nacional, de los cuales 1,200 correspondieron a tuberculosis multidrogoresistentes y 90 a extradrogoresistentes.
  • 5 millones de personas en el mundo pierden la vida por causa de tuberculosis, según la Organización Mundial de la Salud.

La bioseguridad es un punto crítico

El punto central del artículo señala que “la falta de elementos de bioseguridad en varios hospitales de Lima es una amenaza no solo para los pacientes sino para el personal de salud”; así se muestra el testimonio de médicos, enfermeras y trabajadores de limpieza afectados por esta enfermedad y del hacinamiento y de las precarias condiciones de control de infecciones y bioseguridad con las que labora el personal.

Ya nosotros, el año pasado colocamos un artículo en el blog a propósito del contagio de un joven interno de medicina de nuestro Servicio (ver enlace).

Las condiciones no han cambiado (o se están agravando)

Los epidemiólogos en sus clases de pregrado al hacer el análisis de causalidad abordan el problema utilizando varios enfoques, tales como el de las “manifestaciones colectivas”, o el “histórico social”.

Lo concreto actualmente es que las medidas de control epidemiológico se han debilitado a la par que el debilitamiento de la acción sanitaria gubernamental en materia de salud pública.

En la misma revista (Somos) la ONG Socios en Salud hace énfasis en la falta de prevención ante esta enfermedad, señalado por ejemplo que deben implementarse medidas que incluyen al ámbito administrativo, la búsqueda activa y la evaluación de sintomáticos respiratorios, que es la persona con tos de más de 2 semanas; también medidas de control ambiental; las medidas de protección respiratoria independientemente del área en el que trabaje en un establecimiento de salud.

La política gubernamental también sacrifica la enfermedad por medidas efectistas.

El ébola, aquella epidemia venida de “allende los mares”, puso en relieve la manera como el propio gobierno ve el problema de la tuberculosis, pues ante el riesgo que suponía esta nueva enfermedad no tuvo mejor idea que sacrificar un CENEX, (centros construidos ah hoc para el tratamiento personalizado de pacientes contagiados por tuberculosis) para hacer aislamiento epidemiológico de las personas que podrían ingresar con este terrible mal que permaneció y permanece oculto en tanto solo afectaba “a los negros de África” y que sirvió para llenar titulares en todo el mundo sólo cuando contagió a un ciudadano de España y otros de Estados Unidos, pero que ha vuelto a convertirse en una epidemia oculta en tanto circula en el “continente negro”. (ver enlace)

Nosotros tampoco nos protegemos preventivamente

Como hecho anecdótico mencionaremos aquel sucedido hace pocos días en el hospital, donde fue internado un paciente de medicina en una cama prestada de otro Servicio. Venía de provincia donde para manejar el problema urinario le habían hecho una “talla vesical”, es decir le habían colocado una sonda vesical en el área supra púbica.

Todos tranquilos, los internos en horas de la tarde haciendo su historia clínica (tosa y diga 33 le decían al auscultarlo); el personal de enfermería profesionalmente dándole la mejor atenciòn personalizada; los urólogos que mediante interconsulta cursada evaluaban la talla vesical lo hacían muy animadamente rodeados de los internos del servicio, bromeando y haciendo alarde de conocimientos; pero no fue sino días después cuando laboratorio informó que la muestra tomada al paciente había resultado “bacilífero +++” que cundió el pánico, pues nadie había utilizado los elementos de protección personal (EPP) en la atención de este paciente que disparaba bacilos tuberculosos con metralleta.

I para completar el panorama, desde el lado del absurdo, la jefa de control médico solicitaba urgente radiografía de tórax a todo el personal involucrado, asumiendo que el bacilo produce lesión pulmonar apenas horas después de una supuesta infección.