Para que un paciente sea intervenido quirúrgicamente requiere entre otros requisitos, tener un nivel aceptable de hemoglobina. Este dato es verificado por el médico anestesiólogo al momento de realizar la evaluación previa a la operación, para lo cual revisa la historia clínica del paciente.

La preparación del paciente que va a ser operado, generalmente está a cargo del Médico Residente, quien verifica que todo esté okey, correspondiendo a los médicos asistentes supervisar que el proceso pre quirúrgico se cumpla correctamente.

La anécdota

Cuentan que en cierta oportunidad el Profesor Don Luis Gurmendi, eminente cirujano del hospital Carrión, había programado una operación. Es así, que asumiendo que todo estaba conforme, ingresa a la sala de Operaciones, pero grande fue su sorpresa cuando se entera que su paciente había sido observada.

El doctor Eduardo Soria, Jefe de Centro Quirúrgico, al revisar la historia clínica se percata que faltaba el hemograma sin lo cual no podía determinarse el nivel de hemoglobina, entonces dirigiéndose al Dr. Gurmendi le dice: “Lucho, tu paciente no entra porque no tiene control de hemoglobina”.

A Don Lucho Gurmendi esta observación le cayó como baldazo de agua fría, pues asumía que el residente y el asistente que entraría como ayudante habían chequeado todo minuciosamente. Como es posible que no se hayan percatado de esta falla, dijo entre sí. Cierto es que no lanzó ni “ajos” ni “ta’mare” porque Don Lucho era pues un caballero.

Entonces se dirige al doctor Soria y sin que la frase siguiente tenga una connotación peyorativa sobre la paciente, le dice; “Pero Eduardo, mira a la paciente, si es una chola gorda y cachetona, cómo crees que va a estar anémica”?

El doctor Soria, quien tenía fama de ser muy agudo, llama a su secretaria y le dice: señorita, escriba el siguiente memorándum: “A partir de la fecha a las “cholas gordas y cachetonas” no se les pedirá hemograma para ser operadas”.