Anécdotas


Una generación que no ha vivido el mundial

Esta mañana cuando los 2 jóvenes médicos del Hospital Carriòn se acercaron a pasarle visita, el locuaz paciente les dijo: “Yo soy Nicolás Fuentes, jugador mundialista de la selección peruana en México 70`”

Pero los colegas no entendían realmente qué les quería decir el paciente, pues han pasado 45 años que no vamos a ningún mundial de futbol, y entonces –de alguna forma- era explicable que siendo menores de 30 años no supieran quien era el paciente y por ello entrando al diálogo le decían; “Señor y usted en qué equipo jugaba”; o “usted en que puesto jugaba”; o “qué otros jugadores estuvieron con usted en ese equipo”.

Resultaba claro que no llegaron a vibrar con las jugadas del eficiente marcador de punta, jugador de Universitario de Deportes, cuyo nombre aparece en las letras del vals “Perú Campeón”, en la época del recordado Pocho Rospigliosi quien solía decir: “Ya vienen los goles de Cubillas”

Son pues anécdotas de una generación que ha vivido sin la emoción de quienes desde la radio y la televisión hemos vibrado con los goles de nuestro seleccionado..

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Para ser preciso, era la primera vez que escuchaba la expresión “pasar la prueba del serums”, por lo que me llamó la atenciòn en el contexto en que se desarrollaba la conversación y aun cuando más o menos me parecía intuir su significado, de momento, no me pareció oportuno pedir se me explique el término.

El escenario

Era un día sábado y había acudido al matrimonio de una pareja de profesionales jóvenes, diríamos egresados hacía unos pocos años de la universidad y donde uno de ellos había sido alumno en alguno de los cursos en los que participo como docente.

Mientras esperábamos la llegada de los novios en el atrio de la iglesia donde se realizaría la ceremonia religiosa, me encontraba en amena conversación con sus compañeros y compañeras de promoción.

Como no podía ser de otra manera, los temas giraban sobre la feliz parejita contrayente, pudiendo enterarme que no obstante estudiar en escuelas diferentes, Cupido los había flechado en el Jardín Botánico, ese espacio perteneciente a la Facultad de Medicina donde florecen plantas ornamentales, especies exóticas o medicinales y donde jóvenes enamorados pasean tomados de la mano.

El SERUMS

Pero luego vendría el término de la carrera y tendrían que marchar a realizar el SERUMS, (Servicio Rural y Urbano marginal) el cual está implementado como un servicio estatal obligatorio, requisito indispensable para ingresar a laborar en establecimientos del sector público; para ingresar a los programas de segunda especialización a nivel nacional; o para recibir del Estado becas u otras ayudas equivalentes para estudios de perfeccionamiento en el país o en el extranjero.

Pasar la prueba del SERUMS

Muchos jóvenes estudiantes pasan toda la carrera acaramelados, siendo frecuente verlos pasear abrazados, pero sucede que luego, durante el SERUMS, termina la relación amorosa ya porque uno de ellos, o ambos optan por iniciar alguna otra, justamente con alguna pareja a la cual han conocido en este servicio, debido a “la soledad, la lluvia, los caminos….” (Piedra negra sobre una piedra blanca, poema de Cesar Vallejo).

De manera que la expresión “pasar la prueba del serums”, significa entonces, que no obstante haber realizado el servicio en lugares diferentes y con poca comunicación física (face to face), al reencontrarse continúa el noviazgo, con mayor intensidad inclusive, que finalmente los lleva al altar.

 

Yo no conocí a Don Fortunato Quesada, pues cuando ingresé a la Facultad de Medicina, él ya había partido, porque había fallecido en el año 1966; pero alguna vez, siendo estudiante de medicina aún, escuché alguna de las anécdotas de este prestigioso médico que llegó a ser director del Benemérito Hospital 2 de Mayo. Así, recuerdo perfectamente muchas de ellas, de una época donde era común a los estudiantes tener la oportunidad de escuchar de los profesores parte del vasto anecdotario médico que tiene la profesión, lo que de alguna manera pudiera considerarse la transmisión oral en la medicina.

La nota introductoria tiene que ver con la atención médica realizada esta tarde a una paciente en su domicilio. Ella se encontraba acompañada de otra persona, la misma que durante la anamnesis intervino para referir que le había dado a la paciente un antibiótico, mostrándome el blíster.

Caramba, señora, le dije en tono de confianza: ¿I dónde aprendió usted medicina?, a lo que ella respondió, es que mi padre fue médico.

Casi de manera automática le pregunté por el nombre de su padre, quien resultó ser el Dr. Fortunato Quesada. En ese momento me vino a la mente la siguiente anécdota de quien fuera ilustre profesor sanfernandino, la cual le conté a ambas personas.

“Dicen que el profesor Quesada, quien era cirujano, en una clase donde el tema era hernias, refiriéndose a la recidiva de esta patología como una complicación de la misma luego de su manejo quirúrgico, le dice a sus alumnos: “ni hernia recidivada ni comida calentada”, escuchándose acto seguido, desde el fondo del salón de clases la voz anónima de un alumno que agregaba: “… ni las clases de Quesada”, (todo en rima) lo que motivo la risa generalizada, incluyendo la del mismo profesor, quien felicitó al alumno por su agudeza”.

La hija presente en la consulta también riò por la ocurrencia de entonces.

Mi solidaridad con Juan (del duende al cuy)

el cuyNuestro conocido Juan Acevedo, historietista peruano, célebre por su personaje “El Cuy”, e impulsor de la historieta alternativa, acaba de ser despedido del diario Perú21.

He aquí su carta:

Agradezco la discreción de los amigos que me escriben al inbox preguntando qué pasa que el Kuraka no ha salido en “Perú21″. La verdad, no me provoca hablar sobre este asunto, pero cuando así les he dicho, algunos insisten en que son seguidores del Kuraka, y que yo me debo al público. Tiene sentido el reclamo y aquí está la información.

El jueves pasado, cuando volví de recibir el premio Huamán Poma que me otorgó el VII Salón Internacional del Humor Gráfico, encontré un email del Gerente de Producto de “Perú21″ diciéndome: “El presente mail es para comunicarte que por reestructuración del producto de Otorongo hemos decidido prescindir de tus servicios.”

Respondí de inmediato, en el mismo tono que tuve con el diario desde que comencé a colaborar allí en 2005: “Se cierra así una etapa en mi trabajo y siento que debo agradecer a la vida por lo que aquella etapa significó.”

No recibí ninguna comunicación más.

Supongo que me hubiese parecido correcto recibir la despedida por parte del director periodístico, Juan José Garrido, pero supuse que así están los tiempos. También es verdad, hay que reconocerlo, que en aquella comunicación el Gerente de Producto me refirió que “J” estaba enfermo. No sé si esto incidió en la decisión de sacarme repentinamente, espero que se mejore.

Amigas y amigos, es cuanto tengo que comunicarles.

Mi solidaridad con Juan

Este hecho ha motivado no sólo la solidaridad con Juan por parte de sus miles de seguidores, sino que sirve también para poner sobre el tapete el tema de la ideología de los medios de prensa y su acercamiento con los poderes de turno.

Indudablemente, los medios de prensa no son asépticos, sino que tienen la ideología de sus propietarios. Ello no tendría nada de particular, sino fuera porque convertidos en el Cuarto Poder, se convierten en generadores de opinión pública, influenciando a los lectores, inclusive de los “lectores de kioskos”, quienes al paso leen los titulares de diarios amarillistas, amén de ser “el opio del pueblo” por su papel adormecedor de la conciencia crítica a través de sus “programas basura”

Los peruanos recordamos que esta posibilidad manipuladora a través de los medios de comunicación fue utilizada recientemente por la dupla Fujimori – Montesinos, ya sabemos con qué fin.

Una muestra de intolerancia

El Kuraka era un medio de crítica al gobierno y a los políticos, por lo que se infiere que en una muestra de intolerancia habrían ordenado a Perú21 que debían despedir a Juan.

Se habla sotto voce de la presión de la “borrachita de poder”, a quienes no les ha interesado la forma (despedir a través de un mail) sino el contenido (eliminar a quien les resultaba incómodo).

Hay Juan para rato!!!

Querrán volarlo y no podrán volarlo.
Querrán romperlo y no podrán romperlo.
Querrán matarlo y no podrán matarlo.

Como dice Rafael Darío Jiménez en su columna “Morir un jueves santo”, publicada el 20 de Abril del presente año, en Latitud, (publicación web), muy pocos escritores han logrado vaticinar el día de su muerte, bien sea a través de un poema, de un texto en prosa, en un discurso, en una entrevista, o simplemente a través del destino de uno de sus personajes.

Tenemos 2 casos y justamente de hombres notables, uno peruano y otro colombiano, o tal vez mejor colombo-mexicano, porque que eligiò México como su residencia, debido a que este país se había convertido ya desde hacía muchos años en emporio de exiliados y revolucionarios latinoamericanos. Fuente: Pacarina del Sur – http://www.pacarinadelsur.com/home/mallas/338-la-ciudad-de-mexico-emporio-de-exiliados-y-revolucionarios-latinoamericanos-en-la-decada-de-1920 – Prohibida su reproducción sin citar el origen.

Cesar Vallejo: Jueves será porque hoy que proso estos versos…

Antes de morir en el invernal París de 1938, César Vallejo alcanzó a escribir su inmortal soneto: “Piedra negra sobre piedra blanca” en el que predice su final diciendo: “Me moriré en París con aguacero/ un día del cual tengo ya el recuerdo./ Me moriré en París –y no me corro–/ tal vez un jueves, como es hoy, de otoño./ Jueves será, porque hoy jueves, que proso/ estos versos, los húmeros me he puesto/ a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto, / con todo mi camino a verme solo”.

Gabriel García Márquez, murió un jueves santo, sin proponérselo, aunque quizás él mismo se lo vaticinó a través de Úrsula Iguarán, el personaje central de su laureada novela Cien años de soledad donde su autor dice: “Amaneció muerta un jueves santo”.

Las diferencias de épocas y de los contextos históricos han determinado las características de las exequias de uno y del otro, ambos  personajes universales en el mundo de las letras.

El retorno de los egresados en una fecha altamente significativa como es el día del aniversario del colegio es una tradición que se cumple inexorablemente cada año, donde las promociones que cumplen Bodas de Plata o Bodas de Oro tienen inclusive la famosa “Clase del Reencuentro”, a cargo de uno de los profesores insignes del colegio.

La fecha se convierte en el día ansiado para quienes, desde lejos, encuentran la oportunidad de volver a nuestra Chincha Querida y estar nuevamente en el seno del colegio donde pasaron los hermosos años juveniles, llenas de anécdotas mil, que luego son recordadas en el momento de las reuniones de los egresados, generalmente en algún restaurante campestre de la zona.

Los gratos recuerdo de antaño, que mi corazón evoca

Así, resulta un lugar común escuchar, por ejemplo, “Te acuerdas del profesor tal…” para referirse al hecho que quedaría gravado como hito importante en los jóvenes alumnos; o aquella palomillada que habría sido motivo de chacota colectiva; inclusive los famosos “chócala pa’ la salida”, que era la frase con la cual quedaba sellada la necesidad de liarse a golpes a la salida del colegio, porque nunca debía hacerse en el interior del mismo por respeto al colegio, que era en un lugar sagrado que no debía profanarse con hechos como esos y la noticia corría como reguero de pólvora para formar el círculo característico en cuyo centro, cual gallos de pelea (recordamos el cuento de Valdelomar) debía darse la confrontación, a puño limpio, no como ahora que se hace uso fácil del arma blanca, cuando no de otro instrumento que en esa fecha era un recurso vedado.

Del concepto colectivo al individual

Así trascurrieron los años mozos hasta que llega la fecha de la despedida que, como dice el vals “son tristes”, porque da fin a una etapa escolar que tenía como elemento característico el concepto colectivo, la idea del grupo, como elemento motor de ese período y da paso a otra donde la responsabilidad es fundamentalmente personal, que va desde los viajes a la capital para estudiar alguna profesión, o aprender algún oficio, o también entrar a trabajar tempranamente en la propia ciudad.

En el reencuentro volvemos a la “etapa niño”

Por eso la fecha del reencuentro es trascendente por trae a la memoria como un relámpago toda esa etapa de la vida pasada, representando el tema principal de la reunión, donde todos, absolutamente, dejando de lado los status que podrían tenerse, retornan al concepto del colectivo escolar y otra vez la “etapa niño” es el elemento característico de la reunión.

Con paso marcial

El Desfile de las Promociones en ese contexto significa volver imaginariamente a los años mozos cuando había que desfilar para las Fiestas Patrias formando parte de los destacamentos escolares, a los acordes marciales de la banda de música del colegio, para lo cual se ensayaba semanas antes, porque había que dejar bien puesto el nombre del colegio, máxime si había que concursar con los pares de otras provincias y ganar los gallardetes del caso.

El paso y peso de los años no quita esa emoción, como lo vemos cuando el contingente promocional, organizado apresuradamente momentos antes, debe pasar por el Palco de Honor, donde están las autoridades del colegio y en oportunidades las autoridades políticas de la provincia, porque como dice nuestro himno, debemos marchar  “… con paso triunfal que ha sonado el clarín de la historia y nos llama la meta a tomar… y su nombre muy alto llevemos con ahínco, valor y tesón(del Himno del Colegio)

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Cada 12 de octubre, fecha de aniversario del Colegio “José Pardo y Barreda” de Chincha, ésta se convierte en un buen pretexto para que los que nos formamos en este centro educativo, retornemos para participar en los actos celebratorios del alma mater.

Tal vez lo que más emoción produce es el “Desfile de las Promociones”, que se desarrolla el día central. El punto de reunión es siempre el patio central del colegio, lugar donde empezamos a buscarnos los integrantes de cada promoción. No siempre es fácil reconocernos de primera intención, sobre todo con aquellos compañeros con quienes no nos vemos desde hace bastante tiempo, porque es fácil entender que el paso de los años va produciendo algunos cambios fisonómicos que modifican parcialmente nuestra apariencia.

Pero luego de reconocernos, porque existen rasgos que no cambian, nos estrechamos en fuertes y prolongados abrazos porque hemos encontrado al compañero de estudios con quien compartimos innumerables anécdotas, porque la vida es estudiante ha sido siempre la edad de oro de la juventud, de la mataperrada inocente que recordaremos siempre, de alguna jugarreta al profesor que generaba risas colectivas, de las bromas entre nosotros, etc.

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Entonces es fácil colegir los sentimientos que aflorar en las reuniones de reencuentro, que necesariamente –en estas fechas- deben terminar en algún restaurante, casi siempre campestre, donde no debe faltar la carapulcra, comida típica nuestra, acompañada de su vino tinto “de reglamento”; o para decirlo en nuestro lenguaje coloquial “un manchapecho con su sacarroncha”.

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